Perdonad esta irrupción poco literaria, más bien un
eructo fuera de tono o una sonora pedorreta. El proyecto de una innecesaria Ley de Seguridad Ciudadana –que
seguramente recoge todas las inquietudes del ministro de la Gobernación (antes Interior) y teniente general de
los legionarios de Cristo u orden parecida– anuncia este 20 de noviembre la
resurrección del Tribunal de Orden
Público, las leyes de Vagos y Maleantes, Persecución del Comunismo y la Masonería o Peligrosidad Social, y otras
franquicias del difunto Régimen.
Empieza a dar miedo el populismo
autoritario o autoritarismo populachero de un Gobierno que, hasta ahora,
parecía moderado en cuanto a las costumbres y a los derechos de expresión y
manifestación.
miércoles, 20 de noviembre de 2013
domingo, 17 de noviembre de 2013
Adam Michnik: “Creo que el general Jaruzelski defendía el interés nacional de Polonia”
Aunque las diferencias entre la dictadura del general Franco y la Polonia comunista sean enormes (Leszek Kolakowski no tuvo empacho en señalarlas en los años 60 y
70), España y Polonia afrontaron dos
procesos de Transición ejemplares.
Pero hoy, tantos años después, españoles y polacos parecemos sentir una cierta
decepción ante la democracia, quizá
porque tales procesos fueron resultado de una enorme “ilusión histórica”
colectiva, mientras que la democracia solo implica diálogo y negociación, un sistema
imperfecto donde nadie pierde o gana pero se defiende a las minorías; un cauce aburrido
y nada mágico: nunca llega a ser la panacea que resuelve el futuro a golpe de varita.
–Usted se considera hoy, en
cierto sentido, un “idealista sin ilusiones”.
–Yo sé que España y Polonia atraviesan por serias dificultades,
pero ni los polacos cambiaríamos la situación actual para volver a la dictadura comunista, ni los
españoles al régimen de Franco. Y aquí estamos todos de acuerdo: hoy los
nostálgicos franquistas, si alguien les votara, podrían beneficiarse del orden
democrático; de la misma forma que los viejos comunistas pueden estar hoy en la
política de Polonia.
–Cuando el movimiento sindicalista Solidaridad comienza sus
actividades en 1979, aún estaban recientes dos grandes heridas. Los tanques
soviéticos habían aplastado la Rebelión de Hungría en 1956, lo mismo que las
tropas del Pacto de Varsovia sofocaron la Primavera de Praga en 1968. ¿Por qué
fracasaron?
–En Hungría
hubo exceso de confianza en las propias fuerzas y en el apoyo occidental, y mucho
romanticismo, pero aún gobernaba Nikita Jruschov
y había estalinismo puro y duro,
pese al XX Congreso del PCUS (donde
se hizo la primera crítica al estalinismo y al culto de la personalidad). En Checoslovaquia, la causa principal fue
la Doctrina Breznev, que daba
“autonomía limitada” a los países satélites; es decir: siempre que se
sometieran a los intereses de la URSS.
Polonia tuvo un proceso específico, se actuó con coraje y astucia, con
prudencia, y además fue decisivo que Mijail
Gorbachov decidiera romper con esa doctrina. Nosotros nos dimos cuenta de
que podíamos conseguir mucho de lo que soñábamos, aunque el poder comunista lo
controlaba todo: el Gobierno, la Administración, la propaganda, los medios, la
policía. Para mí fue muy importante el modelo de la Transición española, sobre
el que he escrito y hablado mucho. Había que alcanzar un compromiso entre la
oposición y el ala reformista del partido en el poder: el POU (Partido Obrero Unificado). Los españoles nos habían
dado una gran lección con aquel proceso transformador sin revancha, como si las
dos partes se dijeran: “La guerra civil ha terminado, avanzaremos juntos sin
matarnos los unos a los otros”.
–Tras la legalización de Solidaridad, la situación se complica y el general Wojciech Jaruzelski
impone la Ley Marcial durante ocho largos
años. Usted no le ha condenado sino que hoy, incluso, le defiende de cualquier
linchamiento histórico, aunque con matices, claro.
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| General Wojciech Jaruzelski |
–En 1965, durante el Concilio
Vaticano II, los obispos polacos encabezados por el cardenal primado
Stefan Wyszynski y el arzobispo
metropolitano de Cracovia, Karol Wojtyla, se reconciliaron con los alemanes, lo
que desencadenó una gran “batida” en Polonia contra ellos y la Iglesia
Católica.
–El régimen comunista reaccionó con una brutal
campaña de propaganda. Los obispos fueron acusados de actuar contra el Estado y
la consigna fue: “Ni olvidaremos ni perdonaremos”. Y estalló el sentimiento de
agravio silenciado durante mucho tiempo. El objeto del odio popular eran,
naturalmente, los alemanes, pero las autoridades comunistas lo manipularon y lo
dirigieron hacia los obispos. Los comunistas de Cracovia, por conducto de un
comité de obreros de Solvay, enviaron una carta al arzobispo Wojtyla en la que mostraban su indignación, reprochando
que nadie les había autorizado a tomar esa postura, pues concernía a todos los
polacos y sólo el Gobierno tenía la potestad de hacerlo. Wyszynski (que era un
hombre con mentalidad de principios de siglo, cuando el primado se convertía en
regente en ausencia del presidente, y al que habían inducido a adoptar esa
defensa de los derechos humanos, cosa de masones) se excusó a sí mismo. Mientras
que el futuro Juan Pablo II hizo una
profunda defensa de aquella declaración en la que desarrollaba cuáles eran las
motivaciones del diálogo, el perdón y la reconciliación con los alemanes.
–Durante la dictadura comunista
hubo muchos “ojeadores” y “batidas” contra los disidentes. Entre las figuras
que fueron objeto de persecución destaca Ceszlaw Milosz, el gran poeta polaco,
premio Nobel en 1980, que primero simpatizó con el comunismo, pero se
desengañó, exiliándose muy pronto.
–Milosz nunca simpatizó realmente con el comunismo,
aunque al principio sí creyó que se podía vivir y hacer cosas positivas en la
Polonia gobernada por ellos. Cuando vio cómo se obligaba a los poetas a
escribir himnos de alabanza a Stalin
en 1949, él se negó. Milosz asumía que el acuerdo de reparto alcanzado por Roosevelt, Churchill y Stalin en Yalta había entregado Polonia a la URSS.
Y tenía que seguir viviendo. Cuando a mí me arrestaron y estuve preso, yo
también intenté seguir con vida y no me arrojé contra las alambradas, lo cual tampoco
significa que me haya gustado nunca la cárcel.
–Otro gran intelectual polaco que
tuvo que optar por el exilio fue Leszek Kolakowski. Su libro El hombre sin alternativa, donde aparece
el ensayo “Historia y responsabilidad”, ayudó a muchos simpatizantes comunistas de los
años 70 y 80 a repudiar el totalitarismo y abrazar la democracia.
–Aunque no lo cito en este libro, eso es una
casualidad, porque yo he escrito mucho sobre él: fue mi maestro, mi gurú y
también mi amigo. Soy alumno suyo. Creo que ha sido el príncipe de los hombres
de Letras de Polonia.
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| Adam Michnik durante esta conversación (foto ABC) |
–Los “ojeadores” y “lustradores” también lo
intentaron conmigo. Y sólo encontraron algo en los archivos de la policía
política. En una ocasión, los secretas me habían interrogado –ya no
recuerdo exactamente por qué– y yo les había contestado como evasiva que no
callaba ni ocultaba nada, y que si me enteraba de que alguien iba a ponerle una
bomba a una estatua de Lenin, por
supuesto, que se lo comunicaría, porque estaba en contra de la violencia. ¡Eso
fue todo lo que encontraron! A Lech
Walesa también le buscaron secretos inconfesables y tampoco le hallaron
nada, por supuesto. Así es Polonia.
–En España, la Ley de la Memoria
Histórica denunció los pactos de la reconciliación, que no fueron de silencio
ni de olvido: la Guerra Civil está muy bien historiada, sino de perdón. El juez
Baltasar Garzón ha querido abrir recientemente causa judicial al franquismo,
cuando el Congreso aprobó una ley que amnistiaba todos los delitos políticos
cometidos antes de 1977, incluidos los actos terroristas de ETA, GRAPO y FRAP.
Hoy está apartado. ¿Qué opinión le merece este juez de fama internacional?
–Garzón es un juez muy importante, aunque me temo
que le gustan mucho la publicidad y las cámaras. Creo que se equivoca, como
también creí en su día que se equivocaba cuando intentó que la Justicia
británica extraditara al dictador Augusto
Pinochet para juzgarle en España tras su detención en Londres. Y lo creo porque hubiera puesto en grave peligro el
proceso de reconciliación que había devuelto la democracia a Chile.
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martes, 12 de noviembre de 2013
Fernando Savater o el gozo de leer y el riesgo de pensar
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| Fernando Savater en el Hotel de las Letras, foto de Ángel Navarrete (ABC) |
Fernando Savater compila en Figuraciones mías (Ariel) sus
últimas notas publicadas en El País, y abre el libro con un
elogio al periodismo literario. ¿Por
qué? “No tengo blog, no hago tweets
ni nada en formato digital; en mi caso, lo que sustituye a todo eso es el
artículo. Algunas
de sus supuestas limitaciones: de tono, de espacio, etc., creo que son ventajas
que reivindican al género”.
–El Fin de la era Gutenberg,
cuando la cultura, el pensamiento y la creatividad se producían, enseñaban,
transmitían y almacenaban impresos en papel, también parece estar arrinconando
a diarios y revistas, primeros portavoces de la opinión pública.
–Lo importante no es que sobreviva el periódico
impreso en papel, sino que continúe habiendo periodismo. El periodismo entendido como una ética y una estética
de la transmisión de la noticia, del comentario, de la novedad, y como una
responsabilidad ante el texto. Evidentemente yo soy un periodista literario
ligado a la Prensa, y no descarto que mañana, cuando la mayoría de diarios se
hagan en internet, algunos sigan
como ahora lo hago yo: en papel.
Bitácora de lecturas actuales y otras relecturas, de
viajes y homenajes, sus artículos también lo son del día a día, al que el
pensador y ensayista se asoma al filo de la noticia: de las cosas que le agradan,
preocupan, irritan o asombran a él y a todos los lectores.
¿Quién tiene el derecho a decidir?
–Primero, hablemos de actualidad. Entre los temas que trata, aborda el “derecho a decidir” que reivindican los nacionalistas catalanes y vascos.
–En una democracia
hablar del “derecho a decidir” es como si los peces hablaran del “derecho a
nadar”. Pero aquí se habla de otra cosa, se habla de independencia. Ese “derecho a decidir” que ellos acotan para sí
mismos es impedirte a ti que decidas si lo quieres o no. Lo cierto es que todos
los ciudadanos españoles tenemos tanto “derecho
a decidir” qué es lo que va a pasar en Cataluña
o el País Vasco como los que viven
en Tarrasa o Baracaldo. No somos “oriundos” de ningún pueblo o región, somos
“ciudadanos”. Y la ciudadanía no se
fracciona.
–Savater no es sospechoso de
simpatías nacionalistas ni ha contemporizado nunca con la violencia. ¿Qué
piensa de la “derogación” de la Doctrina Parot por la que muchos etarras y
otros asesinos tristemente célebres están saliendo de la cárcel?
–Ojo, la Doctrina Parot no se ha derogado en ningún
momento, ni se ha tocado, ni se ha puesto en entredicho. Y es perfectamente
justificable para que no haya cadena
perpetua en España. La Doctrina
Parot la evitaba pues busca que si alguien ha sido condenado a dos mil años de
cárcel, le sea más difícil reducir su estancia que a otro que lo ha sido a
veinticinco. Lo que ahora se ha dirimido es si eso es aplicable
retroactivamente (algo que uno de los jueces, el británico, aceptaba pues no
afecta a la pena, sino a los beneficios, y defendió que su aplicación es
competencia de los gobiernos). Ahora están saliendo muchos indeseables de la
cárcel, como ese señor Troitiño,
pero llevaban veintimuchos años allí y a lo mejor ya sólo les faltaban año y
medio o dos para salir. Lo terrible es que esta confusión justifique la cadena
perpetua. A veces pienso que en España, más que Justicia, queremos ajusticiadores.
–Algunos piensan que al Gobierno del
PP esa “confusión” (que todos los días reproducen los medios estatales y muchos
privados) le viene de perlas, pues asume lo que hubieren pactado antes los
socialistas para que ETA dejara de matar; y ahora puede echarle la culpa a
Europa y cumplir con las exigencias penitenciarias de la banda.
–La verdad es que no lo creo, no soy tan paranoico, son
puras teorías conspirativas.
La dificultad de educar
–Pues cambiemos de tercio. Dedica
otra sección del libro a los problemas educativos, cuyo modelo persigue más
acomodar a los estudiantes al futuro mercado de trabajo (modelo Bolonia,
exámenes de Pisa), que instruirles o formarles. Y se relegan las Humanidades.
–Estamos promocionando una educación que prima los
instrumentos sobre los fines. Por eso pierden la Filosofía y la Literatura, que
hablan de los motivos, los fines y sus consecuencias. Está muy bien enseñar
técnicas y formas de hacer cosas en la vida pero también hay que saber por qué
y para qué.
–El Gobierno primero eliminó una
asignatura que usted impulsó, Educación para la Ciudadanía, y ahora la Ley Wert
mejora el estatus de Religión…
–No entiendo por qué sustituir los valores
racionales (qué significa ser “ciudadano” y vivir en democracia) por una oferta
religiosa, sea la cristiana o cualquier otra, porque las religiones no cultivan
la razón sino otro tipo de cosas. Desde luego, la religión es un “derecho” de
cada cual… pero un “deber” de nadie. Y quienes acusaban a aquella asignatura de
“adoctrinadora”, prefieren el catecismo.
Transmitir valores sociales es transmitir doctrina, cierto, pero está
completamente justificado, porque son valores razonados y no dogmas, como los
que sustentan las religiones.
–Usted no se
siente mal acompañado de Jürgen Habermas…
–El Patriotismo
constitucional del que habla Habermas es un desideratum: “si hay que ser patriotas, seámoslo de unas leyes, de
unos derechos, de unas garantías”. Porque, en definitiva, un verdadero
ciudadano lo es gracias a esa abstracción llamada Constitución. Por desgracia, en España parece que somos, antes que
ciudadanos, oriundos o nativos de un lugar, y ese localismo enmascara la ciudadanía.
Y así nos va.
Fantasmas en la Red
–Los neurobiólogos advierten que internet y los medios digitales no
sólo están cambiando en los niños y jóvenes la manera de leer, estudiar, comprender
el mundo, comunicarse y divertirse, sino que están variando las estructuras
cerebrales que modulan el aprendizaje, la atención y la memoria, bases de la
inteligencia.
–Creo que cambiar las estructuras cerebrales debe
costar mucho más de lo que piensan los neurobiólogos –se ríe, pues no le caen
muy bien–. Lo cierto es que los seres humanos cambiamos. Y que hay diferencias
entre los habitantes de una tribu aislada y perdida (que sólo ven quince o
veinte caras nuevas en toda su vida y se relacionan entre ellos de forma verbal
o con un collar de cuentas) y nosotros (que vemos miles de caras nuevas
mensualmente y estamos acostumbrados a relacionarnos con el móvil e internet),
eso me parece evidente. Pero esas diferencias, digamos: “folclóricas”, no
quitan que los seres humanos siguen teniendo como base en sus vidas la búsqueda
del amor, el trabajo, la evitación de la muerte, la solidaridad… Nuestro mundo
es muy diferente al de Safo de Lesbos,
y si viajara en el tiempo hasta nosotros, se quedaría asombrada del i-pad, los aviones y todo lo demás, pero
cuando leyera los poemas que se escriben hoy, se encontraría con los mismos
sentimientos y preguntas, de la misma forma que nosotros entendemos y apreciamos los suyos
en la actualidad. Bueno, las mentes cambian… pero menos. En fin, a través de la
Filosofía, la Literatura y la Poesía hoy escuchamos la voz de hombres que
existieron en otros tiempos: estamos “en conversación con los difuntos”, como
diría Quevedo.
–En cualquier caso, existen
grandes peligros y amenazas, particulares y colectivos, personales e
internacionales.
–La Red facilita el trabajo, la recolección de
datos, y su uso lúdico de juegos e imágenes, también me parece fantástico. Pero
encierra peligros. Claro. Los bárbaros utilizan todos los instrumentos de
civilización para hacer barbaridades. Sobre el balance entre libertad y
seguridad se ha hablado siempre, y se dicen muchos disparates. Todos estamos
dispuestos a ceder parte de nuestra libertad para tener cierta seguridad.
Mandamos a nuestros hijos al colegio y queremos que alguien vigile para que no
se los lleven los pederastas. Resulta muy molesto pasar esas revisiones que se
hacen antes de subir a un avión, pero si la perspectiva es una bomba, todos
preferimos que nos miren bajo los calzoncillos.
–¿Qué piensa de las filtraciones
de Wikileaks o de Snowden?
–La verdadera amenaza contra la seguridad occidental
no es lo que estuvieran haciendo la CIA
o la NSA, sino que todos esos
secretos que nos afectan a todos puedan caer en manos de tipejos como Snowden o
de cualquier mediocre desaprensivo o locoide que pueda hacer una
chifladura. Esa es la verdadera amenaza.
Homenajes
Bitácora de lecturas, estas Figuraciones mías no sólo reivindican la novela histórica, algunos mal llamados best sellers, sino también la literatura fantástica en general, y la ciencia-ficción (hasta se declara alumno o tributario de Ray Bradbury); sino que también muestra su admiración por grandes escritores de siempre como Dante, Shakespeare, Charles Dickens, Virginia Woolf o Cioran–Entre los nuestros brilla Pío Baroja, un novelista que siempre ha tenido poco éxito de crítica pero siempre muchísimos lectores.
– Es un escritor leidísimo. A mí me encanta y creo
que es uno de los autores del siglo XX a reivindicar. No tiene un solo libro
aburrido. Quizá son deslavazados de estilo….Ortega decía una cosa muy divertida: “Los personajes entran y salen
de sus páginas como la gente sube o baja del autobús”. Entran, salen y ya no
vuelven a aparecer. Así es. Pero, sobre todo, Baroja tiene una enorme fuerza
narrativa que mantiene siempre la atención del lector.
–Y Octavio Paz.
–Yo he sido lector y amigo de Octavio Paz. No sólo
era hombre de una enorme cultura sino de una gran perspicacia para ver lo que
era útil o inútil en la cultura y para ver por dónde iban las cosas. Y era muy
generoso a la hora de ayudarte y darte ideas. Sabemos que era poeta, diplomático,
hombre de ideas políticas y muy crítico, ensayista de muchos palos, pero se
habla menos de su dimensión como maestro.
Y creo que esa labor pedagógica es importante reivindicarla.
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lunes, 4 de noviembre de 2013
Guillermo Cabrera Infante: "Pues amarga la verdad, quiero echarla de la boca"
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| Guillermo Cabrera Infante y Miriam Gómez vistos por Néstor Almendros |
Aunque debió redactarlo poco tiempo después de abandonar Cuba para siempre con sus dos hijas, Guillermo Cabrera Infante apenas volvió sobre este Mapa dibujado por un espía que ahora publica Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores, y que permaneció escondido y virgen, sin haber sido elaborado literariamente. Y aun así: desnudo o inacabado, a veces escatológico, procaz y sensual, crónica casi sin música, es un libro de Cabrera Infante por todos sus costados y costuras.
–¿Por qué ha tardado tanto en
aparecer?
–Cuando Cabrera falleció en febrero de 2005, la
editorial me encargó la edición de sus obras póstumas y de las Completas. En su
casa, Miriam Gómez y yo fuimos desempolvando miles de papeles y había cuatro
novelas, dos de las cuales ya se han publicado: La ninfa inconstante (2008) y Cuerpos
divinos (2010). Un cuarto texto aparecerá más adelante y es la novelización
de la película La ciudad perdida
(2005), cuyo guión redactó Cabrera y que dirigió y protagonizó Andy García.
–¿Y éste?
–Era el único texto que ella jamás había leído,
aunque sabía de él, pero temía que su lectura pudiera perturbarla, por lo que
no me dejó leerlo sino hasta haber trabajado la edición de aquellas dos novelas
y del primer volumen de las Completas. A mí me impresionó y le dije: “Miriam, es
de justicia que la gente lo conozca”. Y ella aceptó. La edición era compleja.
Cabrera había hablado en varias entrevistas sobre él y variaban en el título,
éste que finalmente lo ilustra: Mapa
dibujado…, y otro muy sugerente: Ítaca
vuelta a visitar. Hubo que revisar otros cientos de papeles, notas y
artículos afines, pero ninguno estructurado como éste, que estaba –tal cual
ahora aparece– de principio a fin, completo y en un sobre, incluso con un
prólogo que a mí me parece un poco extraño.
Todo el poder para los Castro
Año
1965. Aunque no lo cita, hace poco tiempo Jruschov ha sido defenestrado del
poder soviético y sus sucesores han segado ya los tímidos brotes verdes de aquel
deshielo político y cultural. En Cuba, ya nadie puede hacer sombra a los
hermanos Castro: ni Huber Matos, primer auto de fe; ni Camilo Cienfuegos, desaparecido
en vuelo; ni el romántico y extremoso Che Guevara, trágico excursionista
revolucionario por África y Suramérica, cuyos amigos y partidarios han sido
relegados. El presidente Osvaldo Dorticós baila su música. Una casta
burocrática ligada al Ejército y al Partido no sólo está arrinconando a la
vieja guardia idealista, sino que vence todos los equilibrios internos hacia el
ministerio del Interior, el ojo y el brazo ejecutor del Gran Hermano. Ya en
1961, Fidel había proclamado: “Dentro de la Revolución, todo; fuera de la
Revolución, nada”.
A Cabrera Infante casi lo bajan directamente del
avión que lo devolvía a Bruselas, donde aguardaba su esposa; y su hermano Sabá
tampoco puede regresar a España, tras despedir los dos a su madre muerta. Y no
saben por qué. Jamás han hecho o dicho nada contra la Revolución, sino todo lo
contrario: asumieron las pérdidas, trabajaron duro, creyeron, nunca han fallado
ni en la desilusión. Nadie les dice nada si lo sabe, cuidado a quién se
pregunta, cuidado con quién se sinceran, en quién buscan apoyo o caricias.
En Cuba todos los signos auguran malos tiempos. Hay
mercado negro, escasez de alimentos, cartilla de racionamiento, no se
construye, la ciudad se deteriora, las granjas son improductivas, hay juicios
asamblearios, arengas y turistas del comunismo, continuo asalto a la libertad
de expresión. Y prostitución como no la hubo ni en tiempos de Fulgencio Batista: por unas
medias de nailon, por una cama donde dormir, algo que comer, incluso putas casi
niñas que eran agentes de la inteligencia.
–También hay una obsesiva caza de
brujas homosexuales, la homofobia como seña de la mentalidad criolla y militar.
–Los casos de Virgilio Piñera, Antón Arrufat y
otros homosexuales es muy evidente. Estaba ese recién creado Departamento de
Lacras Sociales cuyos agentes los “identificaban” pidiendo la hora en la calle.
Si extendían la muñeca firmemente, no lo eran; y si lo hacían lánguidamente,
seguro que sí. Había miedo, mucho miedo. Otros agentes de inteligencia
“identificaban” a los culposos contrarrevolucionarios analizando sus manos
cuando los interrogaban o solo hablaban con ellos sibilinamente… Es como un
esperpento kafkiano. Lo fantástico de este libro es que transmite el pulso de
los grandes anatemas de aquel momento: los homosexuales…
–La música moderna…
–Una tierra tan musical llevaba años sin inventar un
son desde la Revolución, cuando antes siempre ponía de moda alguno en todo el
mundo. Y además, se impedía que los jóvenes escucharan rock o pop. El teatro,
el cine, la poesía, la pintura o la literatura ambiguos que pretendían ser
revolucionarios y no “de la Revolución”. Y los horrores de la delación. Incluso
en los escarceos amorosos que Cabrera mantiene, siempre tiene la sospecha de
que sus amantes puedan ser confidentes de la Seguridad del Estado. En fin, la
médula del libro es la enorme decepción que el gran escritor siente cuando ve con
lucidez qué es lo que está pasando en Cuba. A mí me parece que está a la altura de
los testimonios que escribieron André Gide (Regreso
de la URSS, 1936) o Arthur Koestler, entre otros grandes desencantados del
estalinismo.
–Por esta páginas deambulan
personajes como Alejo Carpentier, Nicolás Guillén, Walterio Carbonell, Edmundo
Desnoes, César Leante, Pablo Armando Fernández, Roberto Fernández Retamar,
Tomás Gutiérrez Alea “Titón”, algunos de los cuales luego lo traicionaron, y a
los que trata con benevolencia y hasta sentido del humor.
–Miriam Gómez no sabe la fecha en que Cabrera lo redactó.
Por eso creo que fue escrito hasta, aproximadamente, 1968, tras sus declaraciones en Primera Plana, primeras críticas al castrismo; y cuando Heberto
Padilla empezó a tener problemas con la Revolución, antes de su “retractación”
en 1971, lo que ha venido llamándose el “Caso Padilla”. Personajes como Pablo
Armando, Lisandro Otero, Retamar y otros que terminarían convirtiéndose en
enemigos acérrimos, aquí los trata bien, por lo que deduzco que se fraguó antes
de que se distanciaran. Y no lo volvió a tocar, a la espera de darle forma
literaria, de ahí su carácter descarnado, con choteo pero sin juegos de
palabras, citas cultas o populares, juicios, y casi sin música, señas literarias
de su autor.
El suicidio en Cuba
–Este libro también anuncia otro
tabú de la Revolución cubana: el suicidio. En 1983 causó escándalo un ensayo
de Cabrera publicado en la revista Vuelta
de Octavio Paz: “Entre la historia y la nada. Notas sobre una ideología del
suicidio”. Así, algunos de los personajes que ya aparecen en Mapa dibujado…, como la inefable Haydeé
Santamaría, lo cometerían. Así también el presidente Dorticós… después de haber
leído aquel ensayo, según dicen.
–La sombra del suicidio como única salida decente en
Cuba ya planeaba aquí, como Miriam Gómez me iba señalando a medida que
avanzábamos, y como se ve oblicuamente en la lista de personajes que lo cierra.
Eso le da una dimensión humana trágica. Cuando me dio el original, lo leí en
una noche y salí tocado: es triste, muy triste… Y no sólo por eso, sino por el
enorme tráfico de personajes, unos que se rindieron ante lo que les caía encima,
otros que fueron arrasados; y la enorme quiebra de amistades. Todas aquellas traiciones
quizá tuvieron mucho que ver con el colapso mental que Cabrera Infante sufrió
en 1972.
–Para él, ya “era evidente que
entre las cosas que destruyó la Revolución en Cuba, una de ellas fueron los
lazos familiares”. ¿Cómo es posible que aún pueda alguien sentir simpatía por
la dictadura más longeva de Iberoamérica?
–Yo tampoco entiendo cómo todavía hay gente que
pueda seguir justificando, por muchos años que pasen y puedan pasar, todo lo
que ha estado y sigue pasando en Cuba.
viernes, 4 de octubre de 2013
Juan Pablo Fusi: "Hoy vivimos un espejismo de paz"
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| Juan Pablo Fusi, fotografiado por Jaime García (ABC) |
El historiador, ensayista y catedrático publica una Breve historia del mundo contemporáneo (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores) que comienza hablando de dos revoluciones, la Americana y la Francesa.
–La primera, que es una gran desconocida para nosotros, acabó bien; la segunda, que fue tributaria de aquella y es el gran icono histórico europeo, no.
–Es verdad que la interpretación convencional que
muchos hacemos de la Historia Contemporánea parte de 1789 con la Revolución Francesa, dejando fuera a la
Revolución Americana que tiene una
gran importancia en sí misma, dado que Estados
Unidos ha terminado por ser el país dominante, sobre todo, desde finales
del XIX, y ya claramente, en el siglo XX. En cuanto a las ideas políticas y morales,
a la concepción del estado y a la misma idea de “revolución” que defendieron Jefferson, Madison, Hamilton, Adams o Franklin –Washington se pronuncia menos sobre esas materias–, tienen una
calidad extraordinaria. Y es verdad que una termina bien, porque los valores
políticos sobre los que se sustenta la Revolución Americana (desde la autonomía
que ya disfrutaban las colonias, la pluralidad religiosa de los disidentes
ingleses que fueron desembarcando allí, más la idea que tenían de la separación
de poderes, de la Constitución, de una República moderada, y del orden y el equilibrio
de sus instituciones) han acabado siendo parte fundamental de lo que hoy
entendemos por democracia. Por su parte, la Revolución Francesa, sobre todo a
partir de 1793-94, primero degeneró en una dictadura de la minoría jacobina y
luego acabó en el primer golpe de Estado militar moderno, con Napoleón Bonaparte a la cabeza el 18 de
Brumario de 1799 (9 de noviembre según nuestro calendario).
–Europa siempre ha sido más inestable,
sanguinaria, impredecible y vengativa…
–Ojo, en Norteamérica también ocurren cosas
terribles, ahí está la Guerra de
Secesión en la que muere más gente que en todas las demás guerras en las
que ha participado después, incluidas las dos mundiales y Vietnam. Políticamente es más estable, cierto, pues prevalece el
sistema creado a fines del XVIII, su Constitución y la cultura de elecciones
presidenciales a través de un sistema abierto de partidos. El orden
constitucional ha sobrevivido prácticamente inalterado hasta nuestros días,
incluso con herencias que a veces no entendemos, como las “caucus” en sus elecciones
primarias, que es terminología propia del siglo XVIII, aunque a lo mejor deberían
revisar esas variables de democracia directa. Gran Bretaña y EE.UU., a pesar de que hayan tenido crisis muy graves
y de que hoy atraviesen por dificultades, han experimentado una evolución muy
“ordenada”, como la calificó el Times. En cambio, la historia del
continente europeo en el siglo XIX fue muy irregular, por lo menos, hasta el
periodo de estabilidad y gran plenitud que se abrió durante los últimos treinta
años del XIX: se han unificado Italia y Alemania y la vida política
discurre con cierto orden parlamentario
y constitucional en casi todos los países, sean monarquías o repúblicas como Francia o Suiza. Ya en el siglo XX, Europa ha merecido el calificativo de
“Continente negro” (Mark Mazower)
durante la primera mitad del XX porque, efectivamente, el fascismo, el nazismo
y el comunismo tuvieron aquí su origen.
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| Prólogo y Capítulo I |
–La idea del XIX como un siglo británico y su
parlamentarismo como modelo ideal de la política, y del XX como un siglo
norteamericano, sería uno de los hilos conductores del libro, pues durante estos
doscientos años la hegemonía angloamericana ha sido evidente. Desde el punto de
vista de los valores y las ideas, desde mediados del XIX se produce un giro
hacia el realismo y la moderación, y una toma de conciencia de las
contradicciones del individuo, que el hombre romántico no tenía. Eso ya está en la
novela realista del XIX (adulterio, pobreza, delincuencia, crimen, el mal
acompaña a la Modernidad) y, por supuesto, ya en el XX, a partir de Freud, Husserl, Bergson, Heidegger, Ortega,
Sartre, Camus, con toda claridad. Pese a los enormes avances científicos y
tecnológicos, los hombres alimentan una idea de la vida como algo absurdo, el
hombre “arrojado a vivir”, cierto malestar que coincide, quizá, con procesos de
secularización graduales y lentos de la sociedad. Las verdades son provisionales,
se dan ciertos relativismos morales, hay falta de creencias fuertes. Esto es
más propio del XX, y su cultura y política de masas, que del XIX, porque la fuerza de las Iglesias o la impronta
del pensamiento religioso aún jalonan la vida social hasta la Belle Époque, pero irán atenuándose o
desapareciendo, entreguerras, ya entrado el XX.
Laboratorio de destrucción
mundial
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| Capìlla ardiente del archiduque Francisco Fernando de Austria y de su esposa, Sofía, asesinados en Sarajevo |
–Con el siglo XIX aparecen dos nacionalismos centrales:
el alemán y el italiano, que son de unificación. Estos proyectos nacionales van
unidos al liberalismo constitucional. En el Imperio Austro-húngaro no había un fuerte nacionalismo “nacional”.
Gobernaba una especie de aristocracia cosmopolita: la élite del imperio que va aceptando
las reivindicaciones, los derechos lingüísticos... Más tarde, cuando finaliza el
siglo, surge otra cosa: la idea de que un pueblo que presente cualquier tipo de
identidad (cultural, étnica, lingüística, religiosa) tiene derecho a la
independencia. Dada la constitución de los estados modernos, cuando se rompe el
“umbral de mínimos” para definir una nación, –como se solía decir–, se crea el
gran problema de las “nacionalidades”. El etno-nacionalismo de fines del XIX no
es ya un nacionalismo de unificación, sino movimientos de afirmación de la
identidad en los que prevalece la etnia, la lengua o la cultura sobre la
estructura política. El Imperio Austro-húngaro, que todo el mundo veía como un
modelo de “estado multinacional” de gran estabilidad, deja de funcionar en el
momento en que empiezan a aparecer checos, serbios, polacos, croatas,
eslovenos, etc., reivindicando su nación. No había un fuerte nacionalismo
“nacional” –insisto– austro-húngaro (quizá podía haberlo en Hungría, aunque no era la parte fuerte
del imperio, pero en Austria nunca
lo hubo)... Karl Kraus
vaticinó que el modelo sería un “laboratorio de la destrucción mundial”, en lo
cual acertó, porque la Primera Guerra Mundial
estalló, aunque no sólo por ello, tras el atentado nacionalista de Sarajevo, que fue su detonante.
–¿Cuáles fueron las consecuencias
de esa contienda?
–Tiene una importancia excepcional porque se hunden
tres imperios: el austro-húngaro, el ruso y el otomano, que eran factores de
estabilidad mundial. Se crean numerosos países con grandes problemas internos,
muchos de ellos de integración de minorías muy heterogéneas. Nacen con un
fuerte “nacionalismo nacional”, como Rumanía,
que casi siempre se expresa con fuertes xenofobia y antisemitismo, porque a la
minoría judía se la considera un cuerpo extraño a la fundación nacional. Si uno
hace de la etnia o de la lengua un componente exclusivo de la nacionalidad, el
que no pertenezca a esa etnia o no hable esa lengua, queda fuera del proyecto
nacional. Se mantuvieron Yugoslavia
o Checoslovaquia porque algún estado
multinacional debía quedar (y a fines del siglo XX se rompieron). Además, se produjeron
el fascismo, que fue una reacción por haberse sentido Italia mal recompensada por su participación en la guerra y por el
fracaso social y económico del estado nacido de la unificación. Y el
nacionalsocialismo, que igualmente fue una reacción por lo que se consideró una
“traición” de la clase dirigente alemana y luego, de la República de Weimar. Los dos son formas extremas del nacionalismo,
que es su componente esencial; antidemocráticas, a la vez contrarias al liberalismo y enemigas del socialismo,
cosas que manifestaron una y otra vez sin disimilo alguno. El gobierno
británico le encargó al historiador Edward H. Carr que coordinara a varios autores en un volumen que se titulará Nationalism
and after (Nacionalismo como tal, Londres, McMillan, 1945) y literalmente dice en su prólogo que
“el nacionalismo es la mayor amenaza para la Humanidad” pensando, sobre todo,
en el fascismo italiano y en el nacionalsocialismo alemán.
–¿Y la URSS?
–Tampoco hubiera habido Revolución Soviética si Rusia
no entra en la guerra, pierde dos millones de personas en dos años, descontento
que capitaliza la minoría bolchevique para dar un golpe de Estado. Los
regímenes europeos durante el XIX no son lo que hoy entendemos como democracias
plenas (voto restringido, las mujeres no cuentan, las competencias de los
parlamentos eran limitadas, pero al menos había sistemas de representación y,
en algunos casos, como el británico, el parlamento es la esencia de la
nacionalidad…) Donde no hubo nada de todo eso fue en Rusia. El zar reina y
gobierna. Sí hubo una cierta modernización desde 1890, pero hecha desde arriba.
No existía la “sociedad civil”, y cuando se da una cierta apertura al otorgar el zar una pseudoconstitución tras la gran revuelta de 1905, ya es demasiado
tarde.
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| Octubre, de S. M. Eisenstein |
–Una revolución tan romántica y
espectacular ¿sólo fue “golpe de Estado de la minoría bolchevique”?
–En efecto, pero hay dos grandes
momentos. Primero una gran revuelta en marzo de 1917 que es espontánea,
acéfala, sin dirección de masas, con grandes movilizaciones en las calles por
descontento ante la guerra, el mal gobierno, el hambre, y que provoca la caída
del zar Nicolás II. Y la de octubre, que es otra cosa: no
se ha estabilizado la situación, continúan la guerra, el hambre, el
desaprovisionamiento, y un dualismo de poder entre gobiernos parlamentarios muy
débiles y las “asambleas del Pueblo”: los soviets, de forma que diez o doce dirigentes
del ala bolchevique apoyados por diez o doce mil activistas de la guardia roja
y alguna guarnición que deciden ir a la “revolución”. Es decir: hay una
dirección. No es un proceso de masas sino de grupos armados que ocupan los
centros estratégicos. Sin resistencia, pues el Gobierno ha huido, no hay esa
“toma del palacio de invierno” en los términos dramáticos que nos ha
acostumbrado la propaganda a través la pintura, la literatura o el cine
revolucionarios. Concluyendo: en Rusia tampoco hay experiencia democrática durante el siglo XX, ni las instituciones
representativas gozan de prestigio, ni cultura constitucional alguna, cosa que
tampoco existirá con la dictadura soviética, ni siquiera hoy mismo, porque la Federación Rusa es una estado semiautoritario.
Un Estado del Bienestar para una
“sociedad nueva”
–Después de la II Guerra Mundial
que acaba con el totalitarismo de Alemania, Italia y Japón, surge el Estado del
Bienestar. ¿Se construyó para frenar la amenaza de una revolución comunista y
se ha dejado caer cuando ésta ha desaparecido tras la caída de la URSS?
–Es cierto que hasta 1947 (cuando se crea el Sistema Nacional de Salud británico) no
había, como tal, un Estado del Bienestar, pero sí existe desde principios del
siglo XX algún tipo de leyes y medidas sociales en los países occidentales. A
partir de los horrores de la guerra surge la necesidad de crear un tipo de sociedad
nueva, que se da no sólo entre los progresistas, sino también entre los más conservadores,
los liberales y los cristianos (las Iglesias, hay que ser justos, siempre la
han tenido). Una “sociedad nueva” más justa que asuma su responsabilidad ante
la enseñanza, la pobreza, el desempleo, la vejez o la enfermedad, y que es algo
que proviene del espíritu de las dos revoluciones inaugurales de la modernidad contemporánea.
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| "Sed realistas, pedid lo imposible", Mayo de 1968 |
–Durante el apogeo de ese Estado
del Bienestar, en 1968 se produce, de pronto en 1968, una gran revuelta juvenil
en Francia y EE.UU. que tiene consecuencias en Italia, Alemania y todo el mundo
occidental.
– Mayo del 68
no podemos atribuirlo a las injusticias sociales, más bien responde a una
rebelión generacional por razones estéticas, morales, sexuales, convencionales.
Es una revuelta pasajera que puede producirse entre jóvenes que nacen de la prosperidad y la abundancia, y cuyo horizonte de vida quiere ser otro. Raymond
Aron, con bastante precisión y mala intención, dijo que era una “revolución
inencontrable”. Su mejor herencia fue la liberación de las costumbres y
formas de vida: la mujer, la sexualidad, otras maneras de comunicarnos, actuar,
vestirnos y divertirnos. Lo peor sería la irrupción de grupos radicales que, a
partir de los mensajes del 68, resucitaron la acción violenta de fines del XIX y
principios del XX. Los casos de la banda Baider–Meinhoff,
en Alemania; o de las Brigadas Rojas
y Poder Obrero en Italia, fueron un
disparate de percepción de la realidad. Jóvenes muy ideologizados interpretaron
todo aquello, que vino acompañado de un periodo de grandes reivindicaciones
obreras convencionales: huelgas, luchas sindicales por conseguir
mejoras laborales, participación en los beneficios, mayores salarios, como el
preludio de una revolución. Y recurrieron a la lucha armada, causando un
desastre inútil que costó la vida de centenares de personas, entre
ellas, la de Aldo Moro. Una cosa es
la mala conciencia y el anhelo de una vida mejor y más justa para todos; y otra
muy distinta la violencia, la imposición por el terror y las estrategias de
sangre.
La caída del Muro: “Una
revolución como la de 1789, pero… ¡contra los revolucionarios!”
–Concluye el libro dedicando un
capítulo a la Revolución de 1989, años en los que también se hablaba del Fin de
la Historia… ¿Lo fue la caída del comunismo?
–Era una simplificación y una provocación
intelectuales. En Francis Fukuyama
había cierta ilusión de que había triunfado la democracia. Pero ha sido, desde luego, el fin
de una época, así como la derrota histórica de la izquierda revolucionaria. La
derrota de toda una visión del mundo fincada en una revolución “obrera” que se
beneficiaba del ethos de la
Revolución Francesa y que había reverdecido, por ejemplo, con la Revolución Cubana a finales de los años
50. La ocurrida en Europa del Este y
en Rusia a lo largo de 1989 fue, casi, una revolución de 1789 pero… ¡contra los
revolucionarios!
–¿Tiene aún sentido la dicotomía entre izquierdas y derechas?
–Creo
que el problema es eficiencia económica, justicia social y libertad individual.
Objetivos de este tipo se pueden conseguir desde políticas conservadoras y desde
posiciones socialdemócratas. Por tanto, la exigencia mayor es competencia,
eficiencia y crecimiento ordenado. No tiene por qué haber una diferencia tan
profunda y radical, porque tanto la izquierda como la derecha han asumido los
valores políticos y sociales del constitucionalismo liberal y de la
socialdemocracia. Tanto los partidos cristiano-demócratas y liberal-conservadores como los
socialdemócratas apelan al voto de grandes mayorías y tratan de gobernar
para ellas. No gobiernan en nombre de unos pequeños sectores de la sociedad,
sino que buscan el voto del centro y una apoyatura social muy amplia. Reciben
el mandato de gobernar sociedades muy plurales y complejas y un radicalismo muy
sectario sería rechazado en las urnas.
–¿Existe una tercera vía...?
–Tanto derechas como izquierdas hoy a su vez
son coaliciones. En los partidos de la derecha hay sensibilidades distintas y
en los de la izquierda, también. Cuando hablamos de bipolaridad política, de
dos partidos, en realidad hablamos de muchas más opciones. La fragmentación no
sería buena, como en Argentina, o en Italia, donde ya no sabemos a qué sistema de partidos nos referimos, pues hay toda
clase de combinatorias. Hoy la derecha y la izquierda son plurales y abiertas,
pero si las consideramos como dos bloques extremos, erramos. Sartori habla de la importancia que siempre tiene el centro. Sea
cual sea el partido que gobierne, la exigencia del sistema es que lo haga para esa gran mayoría heterogénea.
–¿Y los
nacionalistas actuales?
–Hay de todo. Yo diría que la filosofía que
está detrás del nacionalismo enfatiza la nación como objeto y como sujeto de la
política, la colectividad, la territorialidad, la cultura particularista y la
etnicidad. El liberalismo constitucional y la socialdemocracia apuestan por los derechos sociales y
los del individuo, así como por la pluralidad educativa en sociedades no
excluyentes sino integradoras.
“Hoy
puede pasar cualquier cosa”
–La evolución económica, demográfica y cultural de
los siglos XIX y XX resulta espectacular. El mundo es igual entre el año 0 y el
año 1800: los economistas a lo mejor hablan de que el PIB mundial pudo cambiar
un 0’2 por ciento en todo ese tiempo. Pero el crecimiento entre 1800 y 1900 ya es
incalculable; y aún se dispara más, de forma logarítmica, entre 1900 y hoy
día. Por ejemplo, entre 1995 y 2005 las Autonomías españolas duplicaron la
renta regional y la renta per capita. Entre el año 0 y 1800, el mundo entero
seguía casi igual; cambiaron la ropa y los mapas, pero la tecnología era prácticamente
la misma: el arado, el molino de harina, el candil o la vela, el ladrillo…
–Sin embargo, usted se muestra
pesimista, también habla de que hoy nos enfrentamos a un “espejismo de paz”…
–Claro, otra cosa es que la caída del comunismo haya
abierto al principio una etapa de estabilidad. Pero enseguida volvimos a vivir momentos
de incertidumbre. Creímos que la gran tensión bipolar había desaparecido y que
podíamos caminar con una cierta distensión internacional, y hoy nos encontramos
ante un “espejismo de paz”. Recuerden la Primera guerra del Golfo. Parecía que era lo que había que hacer: primero, condena
de la ONU a la ocupación de un país
por otro. Luego, se articula una gran coalición con participación del mundo
árabe, de los países occidentales, con EE.UU. a la cabeza, a la que se suman
muchos otros, y que está arropada por el Consejo
de Seguridad. Y se actúa. Pero, poco después, todo eso se viene abajo.
Estallan las guerras balcánicas, aparecen
las redes de terrorismo fundamentalista islámico sin bases territoriales de Al-Kaida, nacen estados fallidos a
partir de la desintegración del imperio soviético, se producen guerras tribales
en África con genocidios como el de Rwanda, el conflicto palestino-israelí
se recrudece con dos intifadas y ocurre el atentado del 11-S con un estado
cómplice: Afganistán bajo los
talibanes… Y todo ante la inacción de los propios países vecinos, europeos,
asiáticos y africanos, así como de los organismos internacionales: ONU, OTAN… Hemos perdido la gran oportunidad
de 1989 y volvemos a un mundo complejo, difícil, conflictivo, donde hay muchos
elementos de tensión, algunos comprensibles, otros ilógicos, en el que puede
pasar cualquier cosa.
–Eterno retorno de la historia
más que tiempo lineal: ¿No estamos en 2013 como en el siglo XV? Hace poco que
Marco Polo nos ha descubierto China (hoy esa nación, por primera vez en 5.000
años, ha salido de su ensimismamiento histórico y ya nos está colonizando).
Como enemigo universal: el Turco (ahora el fundamentalismo islámico). Gutenberg acaba de inventar la imprenta en 1440, que introduce un absoluto cambio de paradigma cultural,
social, educativo y económico (Internet)… ¿Caerá otra vez Constantinopla?
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| Bashar al-Assad y Vladimir Putin flanqueados por sus esposas |
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