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martes, 12 de noviembre de 2013

Fernando Savater o el gozo de leer y el riesgo de pensar

Fernando Savater en el Hotel de las Letras, foto de Ángel Navarrete (ABC)


Fernando Savater compila en Figuraciones mías (Ariel) sus últimas notas publicadas en El País, y abre el libro con un elogio al periodismo literario. ¿Por qué? “No tengo blog, no hago tweets ni nada en formato digital; en mi caso, lo que sustituye a todo eso es el artículo. Algunas de sus supuestas limitaciones: de tono, de espacio, etc., creo que son ventajas que reivindican al género”.

–El Fin de la era Gutenberg, cuando la cultura, el pensamiento y la creatividad se producían, enseñaban, transmitían y almacenaban impresos en papel, también parece estar arrinconando a diarios y revistas, primeros portavoces de la opinión pública.

–Lo importante no es que sobreviva el periódico impreso en papel, sino que continúe habiendo periodismo. El periodismo entendido como una ética y una estética de la transmisión de la noticia, del comentario, de la novedad, y como una responsabilidad ante el texto. Evidentemente yo soy un periodista literario ligado a la Prensa, y no descarto que mañana, cuando la mayoría de diarios se hagan en internet, algunos sigan como ahora lo hago yo: en papel.

Bitácora de lecturas actuales y otras relecturas, de viajes y homenajes, sus artículos también lo son del día a día, al que el pensador y ensayista se asoma al filo de la noticia: de las cosas que le agradan, preocupan, irritan o asombran a él y a todos los lectores.  

¿Quién tiene el derecho a decidir?

–Primero, hablemos de actualidad. Entre los temas que trata, aborda el “derecho a decidir” que reivindican los nacionalistas catalanes y vascos.

–En una democracia hablar del “derecho a decidir” es como si los peces hablaran del “derecho a nadar”. Pero aquí se habla de otra cosa, se habla de independencia. Ese “derecho a decidir” que ellos acotan para sí mismos es impedirte a ti que decidas si lo quieres o no. Lo cierto es que todos los ciudadanos españoles  tenemos tanto “derecho a decidir” qué es lo que va a pasar en Cataluña o el País Vasco como los que viven en Tarrasa o Baracaldo. No somos “oriundos” de ningún pueblo o región, somos “ciudadanos”. Y la ciudadanía no se fracciona.

–Savater no es sospechoso de simpatías nacionalistas ni ha contemporizado nunca con la violencia. ¿Qué piensa de la “derogación” de la Doctrina Parot por la que muchos etarras y otros asesinos tristemente célebres están saliendo de la cárcel?

–Ojo, la Doctrina Parot no se ha derogado en ningún momento, ni se ha tocado, ni se ha puesto en entredicho. Y es perfectamente justificable para que no haya cadena perpetua en España. La Doctrina Parot la evitaba pues busca que si alguien ha sido condenado a dos mil años de cárcel, le sea más difícil reducir su estancia que a otro que lo ha sido a veinticinco. Lo que ahora se ha dirimido es si eso es aplicable retroactivamente (algo que uno de los jueces, el británico, aceptaba pues no afecta a la pena, sino a los beneficios, y defendió que su aplicación es competencia de los gobiernos). Ahora están saliendo muchos indeseables de la cárcel, como ese señor Troitiño, pero llevaban veintimuchos años allí y a lo mejor ya sólo les faltaban año y medio o dos para salir. Lo terrible es que esta confusión justifique la cadena perpetua. A veces pienso que en España, más que Justicia, queremos ajusticiadores.

–Algunos piensan que al Gobierno del PP esa “confusión” (que todos los días reproducen los medios estatales y muchos privados) le viene de perlas, pues asume lo que hubieren pactado antes los socialistas para que ETA dejara de matar; y ahora puede echarle la culpa a Europa y cumplir con las exigencias penitenciarias de la banda.

­
–La verdad es que no lo creo, no soy tan paranoico, son puras teorías conspirativas.


La dificultad de educar


–Pues cambiemos de tercio. Dedica otra sección del libro a los problemas educativos, cuyo modelo persigue más acomodar a los estudiantes al futuro mercado de trabajo (modelo Bolonia, exámenes de Pisa), que instruirles o formarles. Y se relegan las Humanidades.

–Estamos promocionando una educación que prima los instrumentos sobre los fines. Por eso pierden la Filosofía y la Literatura, que hablan de los motivos, los fines y sus consecuencias. Está muy bien enseñar técnicas y formas de hacer cosas en la vida pero también hay que saber por qué y para qué.

–El Gobierno primero eliminó una asignatura que usted impulsó, Educación para la Ciudadanía, y ahora la Ley Wert mejora el estatus de Religión…

–No entiendo por qué sustituir los valores racionales (qué significa ser “ciudadano” y vivir en democracia) por una oferta religiosa, sea la cristiana o cualquier otra, porque las religiones no cultivan la razón sino otro tipo de cosas. Desde luego, la religión es un “derecho” de cada cual… pero un “deber” de nadie. Y quienes acusaban a aquella asignatura de “adoctrinadora”, prefieren el catecismo. Transmitir valores sociales es transmitir doctrina, cierto, pero está completamente justificado, porque son valores razonados y no dogmas, como los que sustentan las religiones.

­–Usted no se siente mal acompañado de Jürgen Habermas…

–El Patriotismo constitucional del que habla Habermas es un desideratum: “si hay que ser patriotas, seámoslo de unas leyes, de unos derechos, de unas garantías”. Porque, en definitiva, un verdadero ciudadano lo es gracias a esa abstracción llamada Constitución. Por desgracia, en España parece que somos, antes que ciudadanos, oriundos o nativos de un lugar, y ese localismo enmascara la ciudadanía. Y así nos va.

Fantasmas en la Red

–Los neurobiólogos advierten que internet y los medios digitales no sólo están cambiando en los niños y jóvenes la manera de leer, estudiar, comprender el mundo, comunicarse y divertirse, sino que están variando las estructuras cerebrales que modulan el aprendizaje, la atención y la memoria, bases de la inteligencia.

–Creo que cambiar las estructuras cerebrales debe costar mucho más de lo que piensan los neurobiólogos –se ríe, pues no le caen muy bien–. Lo cierto es que los seres humanos cambiamos. Y que hay diferencias entre los habitantes de una tribu aislada y perdida (que sólo ven quince o veinte caras nuevas en toda su vida y se relacionan entre ellos de forma verbal o con un collar de cuentas) y nosotros (que vemos miles de caras nuevas mensualmente y estamos acostumbrados a relacionarnos con el móvil e internet), eso me parece evidente. Pero esas diferencias, digamos: “folclóricas”, no quitan que los seres humanos siguen teniendo como base en sus vidas la búsqueda del amor, el trabajo, la evitación de la muerte, la solidaridad… Nuestro mundo es muy diferente al de Safo de Lesbos, y si viajara en el tiempo hasta nosotros, se quedaría asombrada del i-pad, los aviones y todo lo demás, pero cuando leyera los poemas que se escriben hoy, se encontraría con los mismos sentimientos y preguntas, de la misma forma que nosotros entendemos y apreciamos los suyos en la actualidad. Bueno, las mentes cambian… pero menos. En fin, a través de la Filosofía, la Literatura y la Poesía hoy escuchamos la voz de hombres que existieron en otros tiempos: estamos “en conversación con los difuntos”, como diría Quevedo.

–En cualquier caso, existen grandes peligros y amenazas, particulares y colectivos, personales e internacionales.

–La Red facilita el trabajo, la recolección de datos, y su uso lúdico de juegos e imágenes, también me parece fantástico. Pero encierra peligros. Claro. Los bárbaros utilizan todos los instrumentos de civilización para hacer barbaridades. Sobre el balance entre libertad y seguridad se ha hablado siempre, y se dicen muchos disparates. Todos estamos dispuestos a ceder parte de nuestra libertad para tener cierta seguridad. Mandamos a nuestros hijos al colegio y queremos que alguien vigile para que no se los lleven los pederastas. Resulta muy molesto pasar esas revisiones que se hacen antes de subir a un avión, pero si la perspectiva es una bomba, todos preferimos que nos miren bajo los calzoncillos.

–¿Qué piensa de las filtraciones de Wikileaks o de Snowden?

–La verdadera amenaza contra la seguridad occidental no es lo que estuvieran haciendo la CIA o la NSA, sino que todos esos secretos que nos afectan a todos puedan caer en manos de tipejos como Snowden o de cualquier mediocre desaprensivo o locoide que pueda hacer una chifladura.  Esa es la verdadera amenaza.


Homenajes

Bitácora de lecturas, estas Figuraciones mías no sólo reivindican la novela histórica, algunos mal llamados best sellers, sino también la literatura fantástica en general, y la ciencia-ficción (hasta se declara alumno o tributario de Ray Bradbury); sino que también muestra su admiración por grandes escritores de siempre como Dante, Shakespeare, Charles Dickens, Virginia Woolf o Cioran.

–Entre los nuestros brilla Pío Baroja, un novelista que siempre ha tenido poco éxito de crítica pero siempre muchísimos lectores.


– Es un escritor leidísimo. A mí me encanta y creo que es uno de los autores del siglo XX a reivindicar. No tiene un solo libro aburrido. Quizá son deslavazados de estilo….Ortega decía una cosa muy divertida: “Los personajes entran y salen de sus páginas como la gente sube o baja del autobús”. Entran, salen y ya no vuelven a aparecer. Así es. Pero, sobre todo, Baroja tiene una enorme fuerza narrativa que mantiene siempre la atención del lector.

–Y Octavio Paz.

–Yo he sido lector y amigo de Octavio Paz. No sólo era hombre de una enorme cultura sino de una gran perspicacia para ver lo que era útil o inútil en la cultura y para ver por dónde iban las cosas. Y era muy generoso a la hora de ayudarte y darte ideas. Sabemos que era poeta, diplomático, hombre de ideas políticas y muy crítico, ensayista de muchos palos, pero se habla menos de su dimensión como maestro. Y creo que esa labor pedagógica es importante reivindicarla. 

viernes, 15 de junio de 2012

Piedra de sol





un sauce de cristal, un chopo de agua,
un alto surtidor que el viento arquea,
un árbol bien plantado mas danzante,
un caminar de río que se curva,
avanza, retrocede, da un rodeo
y llega siempre:
                           un caminar tranquilo
de estrella o primavera sin premura,
agua que con los párpados cerrados
mana toda la noche profecías,
unánime presencia en oleaje,
ola tras ola hasta cubrirlo todo,
verde soberanía sin ocaso
como el deslumbramiento de las alas
cuando se abren en mitad del cielo,

un caminar entre las espesuras
de los días futuros y el aciago
fulgor de la desdicha como un ave
petrificando el bosque con su canto
y las felicidades inminentes
entre las ramas que se desvanecen,
horas de luz que pican ya los pájaros,
presagios que se escapan de la mano,

una presencia como un canto súbito,
como el viento cantando en el incendio,
una mirada que sostiene en vilo
al mundo con sus mares y sus montes,
cuerpo de luz filtrada por un ágata,
piernas de luz, vientre de luz, bahías,
roca solar, cuerpo color de nube,
color de día rápido que salta,
la hora centellea y tiene cuerpo,
el mundo ya es visible por tu cuerpo,
es transparente por tu transparencia,
              [el poema continúa en Más información]

jueves, 17 de mayo de 2012

Carlos Fuentes (1928-2012) o el novelista adolescente


Carlos Fuentes falleció el 15 de mayo en la Ciudad de México a los 83 años

Un joven escritor rompió en 1958 los moldes ya petrificados y petrificantes de la Novela de la Revolución –equivalente literario del muralismo pictórico– con un relato urbano que tomaba su título del entonces patriarca de las letras nacionales, Alfonso Reyes: La región más transparente –título que aludía a una extraña e inaccesible cualidad de la Ciudad de México, pues esta “región más transparente” lo había sido “del aire” y, a finales de esa década, éste empezaba a ser irrespirable. Se llamaba Carlos Fuentes, un mexicano de “otra forma” pues había nacido en Panamá y vivido su infancia entre Buenos Aires, Río de Janeiro, Santiago de Chile, Montevideo y Washington: era hijo de un diplomático y hasta los dieciséis años sólo había pisado el solar patrio durante las vacaciones estivales. Un chico agringado en un país donde el nacionalismo y el populismo constituían, por así decirlo, la religión de un Estado regido por un partido único  –aunque tuviera algunos comparsas– y que había logrado la cuadratura del círculo: serlo de la Revolución Institucionalizada.

Mario Vargas Llosa, su esposa Patricia, Carlos Fuentes,
Juan Carlos Onetti, Emir Rodríguez Monegal y Pablo Neruda 
A desentrañar ese enigma o a escarbar en la herida de esa paradoja y de sus supuraciones: la violencia cainita, el autoritarismo paternalista y patrimonialista, la corrupción política, sindical y económica, el clientelismo burocrático, el petropoder y el narcopoder,  aquel joven narrador –tan elegante, culto y cosmopolita–­ dedicará buena parte de su vida creadora. Ya con su tercera obra: La muerte de Artemio Cruz (1962), trascenderá fronteras y se situará a la cabeza del quién sabe si bien llamado boom de la literatura hispanoamericana, junto con sus grandes amigos el colombiano Gabriel García Márquez y el peruano Mario Vargas Llosa (me resisto a incluir temática y generacionalmente al tercer gran nombre de ese momento, Julio Cortázar, pues era coetáneo de Octavio Paz, los dos catorce años mayores que Fuentes, y porque la historia está más bien ausente de su obra).

Julio Cortázar, Fuentes y Luis Buñuel
          El sistema político instaurado por el PRI daba ya muestras de agotamiento por aquel entonces (sus contradicciones estallarán poco después, en 1968, aunque el régimen priista aún se perpetuará hasta el año 2000), pero muy pocas voces se atrevían a sugerir que entraba en lenta agonía. Así lo hizo Fuentes desde sus comienzos literarios (que fueron saludados por Paz, su mentor y amigo, con quien mantendría una contradictoria relación que desembocará en una dolorosa ruptura); y así lo seguirá haciendo hasta el final, para certificar su defunción, en novelas tan recientes como La voluntad y la fortuna (2008) o Adán en Edén (2009), donde aborda sin misericordia las causas morales pendientes y las consecuencias de esa dictadura de partido casi perfecta por su cuidado disfraz democrático, hoy tan visibles y sangrantes, y que aun tuvieron un tercer gran título en su producción novelística: La cabeza de la hidra (1978), ficción que transcurría en el escenario del auge petrolero que condujo a la catástrofe económica del sexenio de López Portillo.

Fuentes, Marie-José y Octavio Paz
(México, Navidad de 1968) 

          ¿Era Fuentes enemigo del PRI? No exactamente. Tras los trágicos incidentes ocurridos en junio de 1971 apoyó al presidente y dijo su célebre “O Echeverría o el fascismo”. Fuentes más bien era enemigo del sistema de partido príncipe, concepto por otra parte muy gramsciano, y buen amigo de figuras como Víctor Flores Olea o Porfirio Muñoz Ledo, próximos a publicaciones como Nexos y La Jornada; y el segundo, parte de la escisión priista que fundó el PRD, partido que agrupó a la izquierda mexicana a partir de 1988-89.    

Pero la obra de Fuentes no sólo muestra ese doloroso conflicto entre el pasado reciente y el presente, sino también otro de los laberintos de la soledad del mexicano contemporáneo: la difícil asunción de la herencia hispánica, que él abordó con radical ironía cervantina en otra de sus novelas mayores: Terra nostra (1975) y aun en Cristóbal nonato (1987), de manera oblicua pero apocalíptica, y también en no pocos de sus brillantes ensayos, género en el que también se prodigó con maestría. Lengua y religión, caudillismo hispano árabe, y cierto quijotismo irredento alimentan la personalidad del México moderno, tan melancólicamente marcado por la pérdida de un mundo arcaico poblado de dioses terribles y liturgias sanguinarias, a los que el mestizaje cultural con Occidente nunca logró enterrar del todo.

Con Gabriel García Márquez, amigo y compañero de aventuras cinematográficas

Fue un escritor caudaloso y desbordante, cuya extensa producción casi limita con la grafomanía, pecado que supo bordear airosamente pues estaba dotado de una poderosa inventiva verbal y narrativa, y porque brilló en la distancia corta del cuento tanto como en la media distancia de la novela breve (ahí esta su prodigiosa Aura de 1962) y del teatro, o en la extenuante maratón de la novela río. 

Sin embargo, su bien merecido éxito literario también debe vincularse a otra característica de su narrativa, que no sólo fue crítica e histórica, sino cinematográfica. Más allá de sus incursiones en el cine (escribió los guiones de El gallo de oro y de Pedro Páramo con García Márquez, a partir de textos de Juan Rulfo; y el de Los caifanes, una película de culto entre los jóvenes de los años 60 y 70 y que significó algo así como el aterrizaje en la anquilosada cinematografía mexicana de la Nouvelle vague francesa y del británico Free cinema). 

Más allá de haber vivido una aventura sentimental con Jean Seberg (la joven musa de Jean Luc Godard en À bout de souffle); más allá de todo esto y de su amistad con Luis Buñuel, puede decirse que Fuentes concebía sus obras como trepidantes películas experimentales, escritas según las reglas del montaje paralelo y sus alternancias temporales, la superposición y contraste de poderosas imágenes, muchas veces irracionales, y los diálogos recogidos aquí y allá, incesantemente, por un guionista que supo escuchar mucho y muy bien, y que además fue un gran conversador.

La semblanza del escritor quedaría incompleta si no añadiéramos, entre otras características, su vena erótica (muy poderosa en toda su obra), la humorística y paródica, pero también su faceta de periodista social y político, entendido aquí el periodismo como la virtud de enfrentarse con ojo crítico a las realidades del presente y a pie de calle, virtud que le mereció la admiración de los jóvenes de varias generaciones, quienes han sido, desde el primero hasta el último de sus días literarios, su público más fiel. 

Bien es verdad que es aquí donde las luces se ven acompañadas de mayores sombras, pues resulta legítimo criticarle su condescendencia con dictaduras mucho más perfectas que la mexicana, utilizando la polémica terminología de Vargas Llosa, como la de Fidel Castro, esta sí pluscuamperfecta y cuasi eterna; o la afortunadamente breve del sandinismo nicaragüense. Entre sus luces periodísticas, Fuentes ha sabido ser crítico de Estados Unidos sin caer en el rampante antiamericanismo del establishment político, literario y artístico mexicano; y también ha sido generoso con las generaciones de escritores más jóvenes, señalando la aparición de nuevos valores que incluso discutían con arrogancia parricida la vigencia de su propia generación. 

El autor de Aura en su juventud
En fin, Carlos Fuentes entró en la cacharrería de la Novela de la Revolución, tan reverenciada e institucional como el partido gobernante en México durante más de 70 años, y lo hizo como un joven elefante a finales de los años cincuenta. Y allí permaneció, escribiendo hasta ayer mismo con furor adolescente, pues esa fue, quizá, su cualidad más definitiva: nunca dejó de inventarse a sí mismo como novelista y de experimentar con la escritura. Nunca se permitió el lujo de apostar por el acierto, ni siquiera cuando, tras una imponente cadena de ensayos, ya sabía por dónde iban los tiros hacia la diana. Ávido de experiencias y emociones literarias nuevas, así quedará entre nosotros: como un novelista siempre adolescente.


sábado, 11 de febrero de 2012

Cuatro poemas de Aurelio Asiain por una cita

En algún lugar entre los pisos 3 y 42                                  A. ASIAIN

Aurelio Asiain fue durante largo tiempo secretario de Redacción de Vuelta y el gran confidente literario de los últimos años de Octavio Paz, quien un día, allá por los 90, llegó a decirme: “Mire, Aurelio casi ha leído más que yo”. Excelente crítico y ensayista, editor, fotógrafo y lúcido traductor (hoy quizá la mayor autoridad en poesía japonesa, isla donde reside y enseña en la Universidad de Kansai Gadai), además es un poeta único, aunque no se haya prodigado. 
         ¡Qué importa! Asiain no ha escrito un solo poema deficiente, ni siquiera alguno mediocre: todos aspiran a la perfección formal (apadrinado por el riguroso Gabriel Zaid, sin embargo fue discípulo adolescente de Tomás Segovia, y comparte con él –aunque sea un poeta radicalmente distinto– tanto el dominio de la preceptiva como su aliento romántico). Da igual que someta su escritura al metro clásico o que la suelte: igual brilla en el verso blanco, en el libre y en el de férrea medida; y en la rima, cuando no recurre a consonancias o asonancias finales, su oído, casi perfecto en lo afinado, hace música –y no callada– con resonancias internas, aliteraciones y otros recursos prosódicos o rítmicos. 
Poesía sin truco ni repetición; con sorpresa y aleve humor, sí, aun con ironía  –retórica invisible: tradición y actualidad a su manera. No poesía de pensamiento, sino de pensamiento implícito, que jamás alardea de su biblioteca. Sobre todo contemplación: mirada y espera, o escucha atenta, en blanco, cada uno de sus poemas revela una anunciación instantánea que procede de aquí mismo, es decir: del mundo sensible y vivido, próximo y contemporáneo, y que nos comunica con el misterio, que es materia de eternidad. Aquí y allá siempre nos ofrece su humana experiencia ante la naturaleza: sus elementos, criaturas y paisajes; el amor y la mujer con todos sus avatares, cosas de la vida, de la amistad al flechazo, del hastío al desengaño, pero también su plenitud –hoy, además, con la impronta esencialista de la poesía japonesa, incluso vía twitter, como estas Postales de la isla. 
En fin, Asiain se entrega y apuesta por la originalidad, concebida esta, quizá, como un eterno ir para volver de los orígenes: del placer inteligente de los sentidos al alma de las cosas y los seres. Por ello estos versos también serán legibles cuando pasen muchos años y estemos muertos. 


Reproduzco en Más información cuatro poemas que en su día vi nacer y me admiraron, entre ellos un soneto posterior, y que se recogen en República de Viento, libro por el que Asiain obtuvo el III Premio Loewe a la Joven Creación (Visor, Madrid, 1990)       


martes, 17 de enero de 2012

IV - LUZ SONÁMBULA / Alma



(SAN JOSÉ  EN BATTERSEA)


                                                Para Octavio Paz, en su 80 cumpleaños

Se desperezan antes ya los días
se lava las ojeras la mañana
quedan atrás la cristalina arena
                               de los sueños    
                         las redes herrumbrosas
                                del invierno   
                      —Ya pugnan las creaturas
bajo el cálido manto de la tierra

Arrebatada calma de rumores
la luz besa el alma de la hierba





lunes, 5 de diciembre de 2011

DEMONIOS DEL MEDIODÍA / Prólogo

ALGUNOS de los poemas que aparecerán en este blog fueron publicados en revistas literarias (Vuelta, Revista de Occidente, Letras libres) y en suplementos   (Culturas, de Diario 16, al mando de José-Miguel Ullán; el del diario mexicano Novedades, capitaneado por José de la Colina; y en los culturales de ABC, en tiempos de Luis María Anson y Blanca Berasátegui, y de José Antonio Zarzalejos y Fernando R. Lafuente).
      Una buena parte fue recogida en Agua herida (colección “Las ínsulas extrañas”, Editorial Vuelta / Ediciones Heliópolis, México, 1994), volumen que asimismo reunía varios cuentos: “La casa quemada”, “En el desván”, “El jardín del alemán” y la colección de relatos familiares Memorias de sobremesa. Todos los poemas han sido corregidos, en mayor o en menor medida, y alguno incluso fue reescrito totalmente, sin pudor. Las dedicatorias se han trasladado al índice, aunque permanecen las de los amigos que ya se fueron. Por último, la pesadilla Qui se castronno maravigliosamente il puti! y los poemarios Geologías y Luz sonámbula en su conjunto son inéditos. Poco a poco y a saltos los iré publicando aquí, junto con otros textos y temas, vídeos y fotografías. 


      Mi primera intención fue titular aquel libro Demonios del mediodía,  pero Octavio Paz insistió tanto en señalar que induciría a error —“lo confundirán con el Démon de Midi, como llamaban sus enemigos a Felipe II”, argumentaba, sin querer relacionarlo con un tema que le era afín: la melancolía— que lo cambié, no sin alguna reticencia. Imagino que el segundo título que le propuse: Agua herida, aún le gustaría menos por su impronta mística, pero Paz lo aceptó, eso sí, algo a regañadientes, quizá pensando que de pedir un tercero aún estaría más lejos de la poesía moderna, tal y como él la concebía. “No crea que usted es un antiguo del siglo XIX —me dijo alguna vez en la biblioteca de su departamento del Paseo de la Reforma— sino de mucho más atrás. Vea, ya lo retrataron en el siglo I para darle sepultura en Fayum”, concluyó, mientras me enseñaba láminas de sus sarcófagos, y me comparaba con los retratos de sus moradores, tan escuetos, a la vez naturalistas y expresionistas, vivamente iluminados, todos muertos de mirada penetrante, la última estirpe alejandrina del Egipto romano.  Confieso que sigo encantado con esos parecidos.
El coeditor, Aurelio Major, estuvo a cargo de la excelente edición y entablamos una cómplice amistad que aún persiste.  Cuando el libro apareció,  Víctor García de la Concha se hizo eco y le dedicó una generosa reseña en ABC Literario… Él persiguió los hilos que llevan a La lámpara maravillosa. 
  T. H. D.